Cómo escuchar a quién más quieres

“Ojalá pudiera decirte de frente lo que siento, sin miedo y sin filtros.
Ojalá no tuviera este miedo a hablarte, a pensar que no te va a gustar lo que digo, que vas a cambiar lo que piensas de mí o la forma en que me ves.
Ojalá pudiera acercarme a ti sin temer que te alejes, que vuelvas a encerrarte en tus muros, y que la distancia entre nosotras crezca hasta que ya no podamos ni olernos, ni mirarnos cerquita.
Ojalá me atreviera a decirte cómo me siento contigo y de cómo te siento a ti conmigo.
Hoy así lo siento,  falta algo esencial en nuestra comunicación: la escucha”.

¿Te ha pasado querer conectar con alguien, pero al momento de comunicarte parece que no te entienden?

Las palabras se enredan, el mensaje se distorsiona o simplemente el silencio se adueña de la conversación. Sentirnos escuchados y comprendidos es una necesidad profundamente humana. En este espacio, te invito a descubrir cómo la comunicación consciente y la observación sin juicio pueden transformar esos momentos de desconexión en oportunidades para acercarte desde el corazón.

¿OBSERVO o EVALÚO ?

La observación sin juicio y la escucha activa abren el camino hacia relaciones más profundas y llenas de compasión.

Al final del post te dejo el escrito personal que me inspiro a desarrollar y compartirte esta idea, tambienlo fui acompañado de ejemplos cotidianos, experiencia e información chequeada y valiosa de los principios de la comunicación no violenta. 

Lo que más deseo es que encuentres un sentido más profundo en lo que haces, sin quedarte atrapada ni sobre identificarte con esos bucles mentales. Que la teoría sea una guía, un marco que ilumine el camino, desde donde podamos escucharnos honestamente y explorarnos para conectar.

Espero poder clarificar y notar el valor infinito que escuchar y no solo oir; y cómo podemos observar y no juzgar, como puentes esenciales de la comunicación compasiva.
A medida que avances en la lectura, vas a encontrarte con ejemplos para darte cuenta como transforma tu comunicación, escuchar a tu cuerpo y acercarte con honestidad a las personas que quieres. Además más abajo te dejo un pequeño ejercicio extraído del libro de Comunicación No violenta de Marshall Rosenberg. 

Escuchar desde el cuerpo y soltar el control

Un principio esencial de la Comunicación No Violenta es aceptar que no podemos controlar las emociones o las reacciones de los demás. Esto puede ser liberador, pero también desafiante. Muchas veces, en nuestra intención de conectar, buscamos influir en cómo el otro nos percibe o en cómo responde a nuestras palabras. Sin embargo, esta expectativa nos aleja del verdadero propósito de la comunicación: comprender y ser comprendidos.

Quizás te ha sucedido, cuando conversas con alguien importante para tí, revisar mil veces y darle vuelta a lo que quieres decir para que se entienda y aún así te chocas como con un muro y es el ruido de nuestras (las) mentes: los juicios automáticos, las historias que nos contamos, las justificaciones, la excusas. En fin, la desconexión.

Y si ese ruido mental que nos lleva a blucles infinitos se suavizarán ¿qué sucedería?

¿Alguna vez probaste ir más allá de ese ruido y aflojar el control?

Me explico, esto sería observar con atención y curiosidad lo que la otra persona dice y sin responder con palabras.

Con atención y curiosidad me refiero a la capacidad de centrar el cuerpo y la mente en el presente, en lo que exactamente dice la otra persona pudiendo tomar distancia de las reacciones automáticas que puedan generarse en mí. 

Ah ok, pero cómo hago eso? Esta suele ser las preguntas de mis consultantes cuando abordamos la comunicación en los vínculos.

Y sobre esto va este post.

Podríamos explorar muchos aspectos, como el lenguaje no verbal, el tono de comunicación, las emociones involucradas o las respuestas aprendidas. Sin embargo, aquí quiero compartirte lo que considero la clave fundamental, la base desde la cual todo lo demás se puede construir. Esa clave son el CUERPO y la OBSERVACIÓN compasiva.

Nuestro cuerpo: el primer paso hacia la conexión

Vayamos desde nuestro cuerpo hacía afuera. Si yo te digo, en este momento haz una pausa en la lectura y escucha a tu cuerpo. ¿Qué haces exactamente con tu cuerpo? ¿Qué te respondes? ¿Responde tu cabeza o las sensaciones que aparecen?

A veces este pequeño ejercicio necesita de tiempo. Porque no estamos entrenados en escuchar al cuerpo, sino a lo que nuestra mente dice de cómo está el cuerpo. Asique vamos de nuevo. 

Hace una pausa, toma una respiración profunda y escucha a tu cuerpo.

Para conectar, primero debemos escuchar, y ese primer umbral de escucha está en el cuerpo.

Nuestro cuerpo es el primer mensajero de lo que estamos sintiendo, aunque muchas veces lo ignoramos. Por eso, observar nuestras reacciones físicas en situaciones cotidianas puede ser un ejercicio revelador. “El cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta” es la frase que más me gusta de Nazareth Castellanos. 

Por ejemplo, ¿qué hace tu cuerpo mientras preparas el desayuno? ¿Cómo responde cuando recibes una noticia inesperada, cuando alguien te pide algo o cuando tienes que tomar una decisión importante?

¿Tu cuerpo se abre o se cierra?
¿Sientes un nudo en el estómago, una expansión en el pecho o un bloqueo en la respiración?
¿De repente abres mucho los ojos o llevas las manos a la cara?

Estas señales físicas son pistas de cómo estamos procesando nuestras emociones, y prestarles atención nos ayuda a sintonizarnos con nosotros mismos antes de intentar conectar con los demás. Es un acto de autoobservación que no solo nos da claridad, sino que también nos prepara para comunicarnos desde un lugar de mayor honestidad y empatía.

Escuchar el cuerpo implica notar si estás tensionada, relajada, o que zonas específicas están asi. Si el abdomen cambió de estado en algún momento, si necesita estirarse porque está encogido, si está cansado, adolorido o hambriento. Incluso con entrenamiento y observación puedes notar exactamente cuando el cuerpo quiere salir de algún sitio o se siente atraído y conectado.

Las actividades de movimiento corporal son una excelente brújula para explorar esta escucha. Es necesario aprender a observar para escucharnos, si queremos comunicarnos saludablemente. En el próximo apartado te cuento porque. 

Observar sin evaluar: Conectar desde el corazón.

Aquí viene uno de los aprendizajes más reveladores: no es lo mismo observar que evaluar. Cuando mezclamos estas dos cosas, la otra persona no escucha lo que decimos, sino una crítica, y esto pone en marcha un mecanismo defensivo que dificulta la conexión.

  • Te pongo un ejemplo:
  • Evaluación: «Siempre me ignoras cuando quiero hablar contigo.»
  • Observación: «Las últimas tres veces que quise hablar contigo, me dijiste que lo hiciéramos en otro momento.»

La diferencia parece sutil, pero el impacto es enorme. La evaluación tiende a generalizar y a interpretar desde nuestros juicios, mientras que la observación se enfoca en hechos específicos. Y aquí es donde se pone interesante: la observación es una práctica que va más allá de simplemente «decir las cosas bien».

Marshall Rosenberg, en su libro sobre Comunicación No Violenta (CNV), propone un proceso en cuatro pasos.

  • La observación: Notar lo que sucede sin emitir juicios.
  • El sentimiento: Conectar con lo que sentimos en relación a lo observado.
  • La necesidad: Identificar la necesidad o valor que hay detrás de ese sentimiento.
  • La petición: Expresar de forma clara lo que necesitamos para enriquecer nuestra vida.

Aquí vamos a profundizar en el primero “la observación”. En los otros post encontraras los otros tres. Y te voy a ser sincera, leer los pasos y la teoría aquí puede sonar bien, pero la realidad es que si quieres que te funcione necesitas de práctica activa. Al final de este post te dejo audios y un ejercicio para que empieces ya.

Como también suelo decir cuando doy los talleres de inteligencia emocional: la observación es el primer paso porque es el más importante y el que más rápido solemos pasar por alto. Todo parte desde ahí, desde nuestra percepción de lo que sucede.

Hoy podemos llamar a este proceso «neurocepción». Es el modo en que nuestro cerebro y sistema nervioso aprenden a percibir la realidad según los aprendizajes emocionales, físicos y mentales que hemos recibido a lo largo de la vida.

Y aquí se entrelazan dos conceptos fundamentales: la observación sin juicio y la escucha del cuerpo. ¿Cómo puedo realmente desarrollar una escucha honesta hacia mi cuerpo si mi mente está ocupada juzgando o criticando? La coherencia entre lo que observo, siento y expreso es clave, y muchas veces nos encontramos con que lo que percibimos del exterior no está alineado con las señales internas de nuestro cuerpo.

Pensemos en un ejemplo: estoy escuchando a mi pareja contarme que ha tenido una discusión con su jefe en el trabajo. Al observar, noto que está afectado; su expresión facial ha cambiado, su tono de voz suena tenso. Pero mientras tanto, mi cuerpo está completamente activado: mis piernas se mueven inquietas, mis manos no pueden quedarse quietas, y mi mente está a mil generando posibles soluciones o incluso respuestas para darle al jefe.

Si me detengo a chequear mi cuerpo, puedo darme cuenta de que lo que estoy escuchando me resulta incómodo, quizás porque me conecta con alguna experiencia propia de conflicto o porque siento impotencia al no poder ayudar de inmediato.

Ahora la pregunta es: ¿Hacia dónde dirigiré mi respuesta? ¿Podré mantener el foco en observar y escuchar sin juicio lo que mi pareja me está compartiendo? ¿O mi atención estará dominada por las señales internas de incomodidad que mi cuerpo me envía en este momento?

Este tipo de situaciones nos muestran lo importante que es desarrollar la capacidad de diferenciar entre lo que observamos en el otro y lo que nuestro cuerpo está manifestando. Reconocer esta diferencia nos da la posibilidad de pausar, conectar con nuestra propia experiencia interna, y desde ahí decidir cómo queremos responder, en lugar de reaccionar automáticamente.

La práctica aquí es doble: observar sin juicio al otro y, al mismo tiempo, escuchar con honestidad lo que sucede dentro de nosotros. Solo desde esta conciencia podremos generar una comunicación más auténtica, tanto con los demás como con nosotros mismos.

Observar sin juicio

Observar sin juicio requiere atención plena, y ya el simple hecho de notar que estamos generando un juicio es un paso gigante. Por ejemplo, si te descubres pensando cosas como:

  • «¿No era más fácil pedirme disculpas?»
  • «¿Tanto te costaba decirme esto?»
  • «Siempre me decís lo mismo.»
  • «Con vos no se puede hablar, no me entendés.»

¡Así suena nuestra mente enjuiciadora! Y noticia! Nuestra mente está generando miles evaluaciones y críticas segundo a segundo de todo lo que observa ya percibe a su alrededor ya que ese chequeo es un mecanismo de seguridad. Esto se encuentra aún más reforzado en nuestra educación y sociedad. 

Limpiar el terreno de la comunicación es clave para evitar malentendidos y respuestas defensivas. Las palabras absolutas como «siempre» o «nunca» suelen ser grandes obstáculos en una conversación. Frases como: «Nunca me escribís», «Siempre estás ocupado» o «Dejás todo para último momento», generan casi automáticamente una reacción defensiva en la otra persona. En lugar de abrir espacio para el entendimiento, cierran la puerta a una comunicación genuina.

Incluso palabras menos absolutas, como «a menudo» o «pocas veces», pueden ser confusas. Por ejemplo, decir: «Pocas veces me escuchás» no tiene el mismo impacto que algo más concreto, como: «Las últimas tres veces que intenté hablar contigo, me pediste que lo dejáramos para otro momento».

Cuando somos específicos, evitamos que el mensaje se pierda en interpretaciones y, en su lugar, aportamos claridad. Además, mostramos que estamos observando hechos concretos en lugar de emitir juicios generales. Esto no solo reduce la posibilidad de una respuesta defensiva, sino que también facilita que la otra persona pueda conectar con lo que estamos diciendo.

¿Ves la diferencia? Pasamos de un lenguaje que puede sonar como un ataque o una queja, a uno que describe situaciones específicas. Esto no solo mejora la comunicación, sino que también fomenta un espacio más seguro y receptivo para que ambas partes se entiendan mejor.

Al final, lo que buscamos es construir un puente, no una barrera. Y ese puente se construye con palabras que describen hechos y no con términos que la otra persona podría percibir como críticas o acusaciones.

RED FLAG! No mezclar observación con evaluación! Este es un punto clave porque cuando lo hacemos, reducimos las posibilidades de ser entendidos. La práctica está en aprender a notar esa distancia óptima entre lo que observo y lo que evalúo, permitiéndome habitar ese espacio intermedio. Es en ese “entre” donde podemos encontrar claridad, sin caer en juicios rápidos.

¿Por qué es importante esta distinción? Porque la evaluación solo es útil cuando está enmarcada en un contexto y un momento específico. Nuestra realidad es dinámica, cambia constantemente, y nuestra forma de comunicarnos también debería reflejar esa flexibilidad. Si combinamos observación y evaluación de manera descuidada, lo que terminamos expresando no es más que una crítica, lo que puede cerrar la puerta al entendimiento mutuo.

Un truco útil para recordar: observación + evaluación = crítica. Y aquí hay un matiz muy sutil pero poderoso, porque podemos fácilmente confundir una evaluación con una simple observación. Si no somos conscientes, corremos el riesgo de juzgar todo lo que vemos.

Por ejemplo, si alguien cercano olvida una fecha importante, podrías decir:

  • Evaluación: «Nunca te importa lo que me pasa.»
  • Observación: «Cuando no recordaste mi cumpleaños, me sentí triste porque valoro mucho que celebremos esos momentos juntos.»

La práctica es desde la simplesa y lo alcanzable que tenemos, no se empieza a practicar en las grandes conversaciones menos en las que tenemos que elegir cosas importantes en nuestra vida. Asique ya aquí te dejo esta imagen con un ejercicio extraido del libro de Marshall Rosenberg.

En comentarios podes dejarme tus respuestas!

Por ejemplo, en lugar de decir: «Nunca me escuchas cuando te hablo», podrías preguntarte: «¿Qué cosas hace esta persona que me generan la sensación de no ser escuchada?». Inferir lo que otra persona está pensando o sintiendo no es lo mismo que observar lo que hace. 

Puedes preguntarte: ¿qué estoy observando realmente? ¿Qué está sucediendo aquí y ahora? Esto no significa eliminar nuestras evaluaciones por completo, sino colocarlas en un lugar consciente, donde podamos usarlas para comprender mejor la situación y no para imponer una crítica. Cuando hacemos esto, nos damos la oportunidad de conectar de manera más auténtica, tanto con los demás como con nuestras propias necesidades.

No son las palabras en sí las que generan conexión, sino dónde ponemos nuestra atención al comunicarnos. Si combinamos observación y evaluación, lo que la otra persona escuchará será una crítica, no una necesidad.

Comunicar desde el corazón: un proceso que se entrena

Ahora podemos ir uniendo lo que vienes leyendo hasta aquí. Saber como escuchar el cuerpo es la puerta de entrada a un comunicación consciente y a esto se le suma el entrenamiento de distinguir cuando observo y cuando estoy emitiendo un juicio o una evaluación, hacía otrxs o hacía mi misma. Porque claro, no solo evaluamos al resto, sino que la evaluación es hacía adentro. Si, si es más factible que la crítica y la evaluación sea más dura con nosotras que con el resto.

Pues bien… A veces, en medio de nuestras conversaciones, nos encontramos con un sentimiento de que nos están «pasando por arriba». Es como si siempre estuviéramos adaptándonos a las necesidades del otro, siempre cediendo, siempre ajustándonos. Y fijense que está pasando por sus cuerpos en este momento que leen estas frases con la palabra “siempre” acentuando el tono de lo que describo.

En esos momentos, es común sentir culpa por lo que está sucediendo, o incluso sentirte atacada/o por lo que la otra persona dice o hace. Esto, en muchos casos, activa nuestros mecanismos de defensa, nuestras reacciones automáticas: el impulso de defendernos, de cerrar puertas, de levantar muros.

Y cuando esto ocurre, es importante entender que esas reacciones son una forma de protección que nuestro cuerpo y nuestra mente generan ante una amenaza percibida. ¿Qué de todo lo que estaba escuchando activo esto en mí? ¿Qué palabra es una flecha con punta para tí? Nos demos un momento para respirar y explorar esto en nosotras. Si logras escuchar a tu cuerpo, puedes empezar a reconocer cuando esas reacciones defensivas se activan, antes de que te lleven a un conflicto innecesario.

Reaccionar en estas circunstancias es completamente normal, pero a largo plazo pueden hacer que nuestras conversaciones pierdan claridad y, sobre todo, conexión genuina con los demás.

Entonces, ¿cómo puedes empezar a trabajar con estas reacciones automáticas? El mindfulness nos ayuda a entrenar la atención y por lo tanto la observación, pero no solo de lo que sucede afuera, sino también de lo que pasa dentro de ti, en tu cuerpo. El cuerpo habla constantemente, y muchas veces no estamos conectados con lo que está sintiendo o experimentando. 

Escuchar al cuerpo con compasión (observación sin juicio)

Escuchar al cuerpo con compasión (observación sin juicio) es la forma de observar de manera más clara y honesta lo que está pasando, sin que nuestras reacciones automáticas tomen el control. Y una manera fantástica de empezar a entrenar esta escucha es a través de actividades corporales conscientes.

Hoy en día, hay una infinidad de prácticas que nos ayudan a reconectar con nuestro cuerpo y a sintonizar nuestras emociones con lo que sentimos físicamente. Desde la expresión corporal, el movimiento consciente, el yoga, hasta prácticas como los cinco ritmos, todas estas son excelentes alternativas para comenzar a estar más atentos a los mensajes que nuestro cuerpo nos envía.

Al comenzar a realizar estas actividades, poco a poco te darás cuenta de cómo tu cuerpo empieza a expresar lo que a veces no podemos verbalizar. Quizás, al principio, solo notas tensión en el cuello o en el estómago, pero con la práctica, te irás entrenando para poder identificar esas pequeñas señales antes de que se conviertan en una reacción más fuerte.

[Y si quiero agregarle más intensidad a este post, te cuento que la forma en que tu cuerpo reacciona y responde es un aprendizaje de tu sistema nervioso, es decir no es que “sos así” sino que aprendiste a reaccionar así. Pero eso lo dejo para otro momento.]

Este tipo de conexión cuerpo-mente-emoción te permitirá tomar una pausa cuando sientas que te estás sobrecargando con las necesidades de los demás. En lugar de reaccionar desde la defensiva, podrás hacer un alto, observar lo que está ocurriendo, tanto dentro de ti como en la interacción, y tomar decisiones más conscientes sobre cómo responder.

De este modo, serás capaz de integrar una forma de comunicación más compasiva, no solo hacia el otro, sino también hacia ti misma/o. Estarás aprendiendo a reconocer que no siempre tienes que ceder, no siempre tienes que estar «adaptándote», y que está bien cuidar de tus propios límites. Aprendiendo a no reaccionar, sino a responder. Sin juicio, solo con observación y con la empatía que nos brindan tanto nuestro cuerpo como nuestra mente. Y claro con mucha practica! De a pasos muy pequeños.

Cuando practicamos la observación sin juicio, nos damos el espacio para conectar con lo que realmente sentimos y necesitamos. Desde ahí, nos volvemos capaces de dar y recibir desde el corazón, construyendo relaciones más conscientes y compasivas. Escuchar no es solo un acto externo; es un diálogo continuo entre lo que sucede dentro de mí y lo que comparto con el otro. Requiere valentía para estar presente, incluso cuando la conexión parece frágil.

Desde que realmente pude darme cuenta de cómo mis defensas se interponían en los vínculos más importantes de mi vida, tomé un paso con profunda humildad hacia la observación de mí misma. Ha sido un proceso que me ha pedido, y me sigue pidiendo, estar en un lugar suave y compasivo conmigo. Hablar y escuchar desde el corazón no siempre es fácil, pero cada paso cuenta.

En resumen, cuando te encuentres reaccionando con defensividad, cuando sientas que la culpa o el ataque se activan en tu interior, date un respiro. Practica la observación de lo que sucede en tu cuerpo sin que el miedo o la defensa automaticen tu comportamiento. Acepta que esa reacción es humana, pero que no tienes que dejar que te controle.

Practicar la Comunicación No Violenta (CNV) enseña a comunicar desde la verdad, sin causar daño ni herir al otro. En este sentido aceptar que no podemos controlar al otro no significa renunciar a la comunicación, sino aprender a sostenernos en nuestra verdad, con amabilidad y firmeza. Significa ser conscientes de que nuestra presencia, incluso en silencio, tiene un impacto. Es un recordatorio de que, al final, la verdadera comunicación no comienza con el otro, sino con nosotras mismas.

Así que la próxima vez que sientas que el diálogo se vuelve difícil o que la conexión parece perdida, vuelve a lo esencial: escucha tu cuerpo, observa sin juicio, y recuerda que el puente hacia el otro siempre se construye desde dentro.

Mini resumén!

  • Observa sin evaluar, y si notas un juicio, respira y suelta.
  • Escucha lo que tu cuerpo te dice.
  • Practica suave, practica despacio, práctica en lo simple, pero practica y practica.

Espero que te brinde una luz en el camino de habitar nuestra humanidad con conciencia y coherencia. Si te surgen reflexiones, comentarios o preguntar te leo aquí debajo! Y así seguimos abriendo conversaciones.

Abrazo cálido, Ailen

“Ojalá pudiera decirte de frente lo que siento, sin miedo y sin filtros.
Ojalá no tuviera este miedo a hablarte,

a pensar que no te va a gustar lo que digo,

que vas a cambiar lo que piensas de mí o la forma en que me ves.
Ojalá pudiera acercarme a ti sin temer que te alejes, que vuelvas a encerrarte en tus muros,

y que la distancia entre nosotras crezca

hasta que ya no podamos ni olernos,

ni mirarnos cerquita.
Ojalá me atreviera a decirte cómo me siento contigo

y de cómo te siento a ti conmigo.
Hoy así lo siento, 

falta algo esencial en nuestra comunicación: la escucha”.

“Te estoy diciendo que tus palabras me afectan profundamente,

¿lo ves?

¿Puedes notar que tus palabras no son plumas que flotan en el aire,

sino flechas que llegan a mí con impacto?

Quiero contarte esto, lo que sucede entre nosotras.

No lo que pasa afuera o con otras personas.

Esto, lo nuestro. 

Tu mirada hacia otros mundos, tu cuerpo tan inquieto…

Tal vez me dicen que no estás aquí conmigo,

que la radio de tu mente suena demasiado fuerte. 

Ojalá pudieras percibir el ritmo de mi corazón,

de mi piel buscando contacto contigo.

No nos asustemos. Quiero escucharte.

Y si necesito silenciar mis palabras para elevar la voz de mi corazón y abrirnos a la expresión del cuerpo,

estoy dispuesta a hacerlo.
Porque cuando estuve lejos,

aprendí a sintonizar la escucha de mi alma,

desde la piel hacia adentro.

Y cuando me escucho con sinceridad,

todo en mí dice que quiere permanecer cerca de ti,

incluso si eso implica el silencio,

pero nunca renunciando a mi presencia.”

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