Comunicar lo que necesito, aún con miedo: el arte de hablar desde el corazón

Expresar lo que necesito evitando que se escuche como mandato o exigencia.

Uno de los mayores desafíos en nuestras relaciones es aprender a expresar lo que sentimos y necesitamos sin que la conversación se transforme en una batalla. Recuerdo un momento en mi vida, durante mi embarazo, cuando estaba haciendo terapia de pareja con mi compañero. Fue ahí cuando me di cuenta de algo profundamente revelador: no sabía pedir lo que realmente necesitaba sin que sonara a exigencia o mandato.

El miedo al rechazo, a no ser comprendida, e incluso a decepcionar, me llevaba a ofrecer soluciones en lugar de compartir mis verdaderas necesidades. Y cuando él no reaccionaba como yo esperaba, el enfado se convertía en mi escudo. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto comunicar lo que necesitamos sin que se malinterpreten?


El error de confundir necesidad con mandato

Un error común en la comunicación es pensar que expresar una necesidad implica decirle al otro qué debe hacer. No se trata de imponer soluciones, sino de compartir lo que sentimos. Cuando le decía a mi pareja «Necesito que hagas esto», él lo interpretaba como una orden, lo que naturalmente lo ponía a la defensiva. Asumimos que la otra persona comprenderá automáticamente el trasfondo emocional de nuestro pedido, pero la clave está en compartir nuestra emoción y la necesidad genuina detrás de esas palabras.

Es importante recordar que, cuando comunicamos una necesidad, lo que estamos pidiendo realmente es ser vistos y escuchados desde un lugar de vulnerabilidad. Y ese lugar no siempre es cómodo.


Hablar desde la vulnerabilidad

Aprendí que, en lugar de reaccionar con enojo o defensiva, podía hacer algo mucho más poderoso: quedarme presente en la conversación y expresar cómo me sentía sin la urgencia de encontrar una solución inmediata. Esta práctica transformó mi forma de comunicarme, porque en lugar de centrarme en lo que el otro debía hacer, comencé a poner el foco en lo que realmente me sucedía a mí.

Hablar desde la vulnerabilidad no significa dejar de ser responsables de nuestras emociones, sino simplemente permitirnos ser honestos sin escudos, incluso cuando el miedo a ser rechazados o incomprendidos se asoma.


El lenguaje de acción positiva

Uno de los principios de la comunicación no violenta (CNV) es la importancia de formular nuestros pedidos de forma clara y positiva. Por ejemplo, en lugar de decir «No quiero que llegues tarde», es mucho más efectivo decir:
«Me gustaría que me avises si vas a llegar después de las 22:00, para no esperarte con la cena.»
Este pequeño cambio en el enfoque puede evitar resistencias y crear una conversación más fluida y constructiva.

También es esencial evitar la ambigüedad. Decir simplemente «Necesito ayuda en casa» es vago y puede generar confusión. En cambio, algo tan claro como: «Necesito que laves la ropa una vez por semana», facilita una comprensión mutua y es un pedido directo que puede llevar a una acción concreta.


Notar si nuestro pedido se vive como una exigencia

A veces, nuestras peticiones no son escuchadas como necesidades, sino como exigencias. Es fundamental observar cómo el otro percibe nuestras palabras. Si la otra persona siente que estamos demandando, puede generar resistencia o una reacción defensiva.

Antes de pedir un cambio en la forma en que nos comunicamos, necesitamos asegurarnos de que la confianza en la relación esté fuerte. Un ambiente seguro y respetuoso es la base de cualquier comunicación auténtica. Si la otra persona teme que ser honesta con nosotros vaya a llevar a juicio o castigo, el enfoque debe estar en fortalecer esa seguridad emocional primero.

La CNV no es algo que se implementa de un día para otro; es un proceso que se cultiva con tiempo y práctica. Y cada conversación es una oportunidad para profundizar nuestra conexión y la seguridad emocional que compartimos.


Validar y recibir retroalimentación

Al abrirnos a una comunicación más honesta, también debemos estar dispuestos a escuchar la postura del otro. Preguntar: «¿Qué sentís con lo que te acabo de decir?» o «¿Te resulta posible hacer esto?» abre un espacio de respeto y comprensión mutua, donde ambas partes se sienten escuchadas y validas en sus emociones.


El poder de quedarnos presentes

Cuando aprendí a quedarme en el momento, sin que mi mente y cuerpo reaccionaran automáticamente, descubrí que mi mente podía pensar con mayor claridad. Ya no se trataba de ganar o perder, sino de construir un vínculo basado en la comprensión, en la empatía mutua y en el respeto de las emociones de ambos.

Hoy sé que la verdadera libertad emocional no viene de lograr que el otro haga lo que quiero, sino de ser capaz de expresar lo que siento y necesito, incluso cuando el miedo está presente, sin exigencias, pero con claridad. Ese es, sin duda, uno de los aprendizajes más valiosos para cualquier relación.


Resumen:

  1. Pide en forma positiva: Expresa lo que sí quieres, en lugar de lo que no quieres.
  2. Evita frases ambiguas o poco claras: Lo obvio para ti, no lo es para el otro.
  3. Sé específico en lo que necesitas: En lugar de decir «Necesito ayuda en casa», di «Necesito que laves la ropa una vez por semana».
  4. Valida al otro: Pregúntale cómo se siente con lo que acabas de decir.

Y, lo más importante: Si logramos abrirnos y establecer esta comunicación clara, también necesitaremos saber qué le pasa a la otra persona con lo que hemos dicho. Preguntas como «¿Cómo te hace sentir esto?» o «¿Qué obstáculos ves para que esto suceda?» son claves para generar un diálogo real y construir una relación más profunda, respetuosa y basada en la comprensión mutua.


Nota importante: Presta atención a los juicios o pensamientos que aparecieron dentro de ti mientras leías el post. Quizá ahí ya tienes la primera clave para avanzar en tu comunicación. La autoobservación es el primer paso hacia una comunicación más consciente y saludable.


Gracias por llegar hasta aquí,
estaré encantada de saber que hay alguien del otro lado leyendo y compartiendo, te aliento a escribirme o dejarme un comentario.
Estamos juntas, estamos despiertas.

Ailen

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