Dejar de Sentirse Chiquita: Aprender a Expresar lo que Sentimos

4–6 minutos

En lugar de preguntarnos ¿Cómo estoy? o ¿Qué siento?, aprendimos a seguir normas externas sobre qué emociones son aceptables. Quiero mostrarte como podemos redefinir lo que aprendimos, conectarnos con nosotras y expresar nuestra verdad.


Desde pequeños, aprendemos a medir nuestras palabras, a filtrar lo que sentimos y a priorizar lo que creemos que será aceptado por los demás. Crecemos absorbiendo normas implícitas sobre qué emociones son adecuadas y cuáles deben silenciarse. Nos acostumbramos a ajustar nuestras expresiones para evitar incomodar, para no ser vistos como débiles o problemáticos. Sin darnos cuenta, ese entrenamiento nos aleja de nuestra verdad interna y nos deja con una sensación de pequeñez, de que lo que sentimos no es lo suficientemente importante para ser expresado.

Durante la infancia, los adultos van moldeando nuestro mundo emocional con frases que, aunque aparentemente inofensivas, nos enseñan a negar o reprimir lo que sentimos: No tienes que tener miedo a la oscuridad, Si te pones triste, no te doy esto, Siempre enojada, no se puede contigo. Poco a poco, aprendemos que ciertas emociones nos alejan del afecto y la aprobación, lo que nos lleva a esconderlas o disfrazarlas. Pero el costo de esta desconexión es alto: nos volvemos extraños a nuestro propio mundo emocional y, en consecuencia, nos cuesta encontrar las palabras para nombrarlo y compartirlo con los demás.

Marshall Rosenberg, en su libro sobre Comunicación No Violenta, plantea que estamos más entrenados en pensar correctamente—según los estándares de figuras de autoridad—que en conectarnos con nosotros mismos. En lugar de preguntarnos ¿Cómo estoy? o ¿Qué siento?, aprendimos a seguir normas externas sobre qué emociones son aceptables.

Desde la infancia, muchos hemos recibido mensajes que desvalidaban nuestras emociones: No tengas miedo, Hay que ser fuerte, No importa si duele, hay que seguir adelante. Estas frases no nos enseñaban a gestionar lo que sentíamos, sino que reflejaban la incapacidad de los adultos de ese momento para acompañar nuestras emociones.

Con el tiempo, esto nos desconecta de nuestra experiencia interna. Cuando queremos expresar lo que sentimos, nos encontramos con que no sabemos cómo hacerlo. No encontramos las palabras exactas y, sin darnos cuenta, confundimos pensamientos con emociones. Esto tiene un costo: terminamos sintiéndonos chiquitos, minimizados en nuestra propia voz, creyendo que lo que sentimos no es lo suficientemente válido o importante como para ser expresado. Y así, sin darnos cuenta, construimos nuestra propia jaula emocional.


La Importancia de Identificar Sentimientos y Pensamientos

La crítica, tanto externa como interna, no fomenta la conexión. En los post anterior te comente que este era el primer componente de la CNV: Observar sin juzgar . El segundo elemento es expresar lo que siento.

Vamos con esto!
Expresar vulnerabilidad es el puente para conectar y expresar lo que sentimos; sin embargo, para poder hacerlo, es necesario primero construir una seguridad interna. Es un proceso de aprendizaje que nos permite salir de esa sensación de pequeñez y empezar a ocupar nuestro lugar con autenticidad.

La forma en que reconozco mis emociones está influenciada por lo que he aprendido sobre ellas.

Si aprendí que enojarse está mal o es destructivo, puede resultar difícil reconocer el enojo y, por lo tanto, expresarlo de manera asertiva. Sin embargo, podemos aprender a identificar nuestras emociones observando las respuestas y reacciones de nuestro cuerpo. Por ejemplo, al notar si sentimos calor o frío, si nuestro cuerpo se expande o se encoje, los gestos de la cara, la tensión del cuerpo, así podemos empezar a reconocer lo que realmente estamos sintiendo.
Generaré otra entrada para profundizar al respecto, aquí quiero enfocarme más en la expresión.

Por ejemplo, no todo lo que empieza con “siento” expresa realmente una emoción:

  • Siento que tú deberías haberlo sabido. → No es un sentimiento, es un pensamiento.
  • Me siento como un fracasado. → Tampoco expresa una emoción concreta.
  • Siento como si viviera con una pared. → No describe una emoción real.

En lugar de estas frases, podemos reformular para identificar lo que realmente sentimos:

  • Siento culpa, vergüenza o inseguridad cuando empiezo comunicando algo y después no me comprometo a seguirlo.
  • Me siento frustrado conmigo mismo.
  • Siento miedo a la percepción de los demás.
  • Me siento triste o decepcionado por no haber cumplido con mi expectativa.

Ejercicio para Conectar con lo que Sentimos

Transformemos algo que creemos sobre nosotros en una expresión genuina de lo que sentimos: 👉 Ejemplo: “Soy un fraude si empiezo comunicando algo y después no lo sigo.” 

👉 Vamos paso a paso.
«Siento un fraude» → Aquí “ser un fraude”, es más bien un pensamiento que un sentir. Ser un fraude es una creencia o juicio sobre ti, no una emoción.

«Si empiezo comunicando algo y después no me comprometo a seguirlo» → Esto describe una situación y la forma en que interpretas tus acciones.
Entonces, reformulación: “Siento vergüenza e inseguridad cuando no continúo con algo que he comunicado.”

Y en base a esto podemos seguir profundizando a ver los caminos de esa emoción, por ejemplo se podrían notar otras emociona, como:

  • Frustración contigo misma.
  • Miedo a la percepción de los demás.
  • Tristeza o decepción por no haber cumplido con tu expectativa.

Al hacer este cambio, nos acercamos más a nuestra verdad emocional, lo que facilita una comunicación más auténtica y nos permite cultivar una mayor conexión con nosotros mismos y con los demás.

Practiquemos este ejercicio en nuestro día a día. Escuchemos lo que sentimos sin juzgarnos y construyamos un espacio interno amable y seguro para nuestra voz.

Deja un comentario